2 oct. 2007

Locura

Hablo solo.
No, no estoy loco. Solo gusto escuchar temas interesantes.

6 jul. 2007

...


Soñé que dejaba esta vida, mi vida. No es la primera vez que sueño con mi muerte, ya en otras oportunidades he sentido este temor, ¿no? ¿Te acuerdas Mamá?

Tengo miedo. Abrázame.

Si, sé que soy adulto. Si, sé que tengo una hija. Pero igual tengo miedo.

Abrázame como lo hacías cuando era pequeño. Acaríciame y pon mi cabeza en tu regazo.

Solo fue un sueño. Esta sensación de angustia desaparecerá. Mañana por la mañana, cuando amanezca, todo será distinto, el miedo se habrá ído.

Gracias mami, necesitaba tu cariño. Uff, Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que me acariciaste, no? . Que agradable, ya me siento mejor. Muchas gracias.

Ya no me consueles. Ya estoy mejor.

¿Porque tan callada mami?, dime algo.

¿Estas llorando?

Allí está tu nieta. Hermosa como su madre. Aún no cumple los dos años. Si, tiene la misma edad de mi hermana cuando... te fuiste

.....

¿Cómo fue?, ¿En que momento, que no me di cuenta? ¿Sueño eterno? ¿Que cojudes es esa Mamá? Si estoy soñando quiero despertarme. Ayúdame a despertar, mi hija es pequeña aún. ¡Despiertame, ella me necesita! ¡Te digo que me levantes por favor!. NO te das cuenta, necesito que me levantes…

No llores Mamá

Discúlpame.

Deja de llorar, mamita.

25 jun. 2007

Que pasa en el zanjon?

No entiendo como se pueden demorar tanto algunas obras públicas, como por ejemplo la de la Vía expresa. Paso todos los días por allí, antes de las 8 am y luego de las 6 pm y no veo trabajar a nadie. Me pregunto si no sería más eficiente que se trabaje más horas, de corrido, incluso sábados y domingos; Acaso no se pueden contratar más personas para que trabajen en turnos rotativos como se hace en el sector privado?. Entiendo que los costos aumentarían pero ello se trasladaría al precio final. Porque no se considera la fecha de termino de la obra en el contrato que se hace con los contratistas?. Lo mismo ocurre Miraflores y las calles que la Municipalidad ha dejado a medio construir como Berlín. Para mí, la respuesta es simple y se llama CORRUPCIÓN. Lo que sucede es que amarran la adjudicación de la obra con el pago de coima. Es eso y nada más, simplemente CORRUPCIÓN generado por autoridades corruptas y en el caso, para mí en el caso negado, que no lo sean son ineficientes.
La municipalidad de Lima y el Municipio miraflorino deberían explicar su trabajo pero no lo hacen ni lo van a hacer porque los trapos sucios se lavan en casa y la cochinada se queda bajo la alfombra.

15 jun. 2007

Ya, ya..no es para tanto


Llegamos al Pub Las Cruzadas, un hueco en Miraflores del que Chicho tanto nos había hablado. Un lugar cercado de mamparas de vidrio y en su interior la casa medieval, ambiente adornado con motivos de la época: armaduras de metal, cachiporras y escudos en las paredes.

Entre la casa y el cerco de vidrio se advertían mesas listas para ser ocupadas, en una de las cuales Ismael y Enrique nos esperaban.

-Eigale llegó el maestro- dijo Enrique, poniéndose de pie y haciendo reverencias cachosas a Chicho.

- Ya sin cacha tío - dijo Chicho dirigiéndose al interior del local. A la casa. - Ya vengo, vayan avanzando.

Tomé asiento en la mesa, acompañando a Ismael y Enrique que ya calentaban motores.

- Muchachos será mejor que vigilemos a Chicho, ya sabemos como se pone cuando toma –dijo Enrique.

Chicho era una buena persona, pero con un gran defecto…le gustaba el trago. Ya de por sí su imagen no era muy seria: cara de mapache, cuello corto, hombros caídos, barriga afuera con el pantalón a media altura, y como si eso fuera poco era borracho…muy borracho.

Recuerdo la primera vez que salimos tomar. Era la hora en que terminaban nuestras labores en la oficina.
- Habla. Te apuntas para unas coca colas- me dijo.
- No me gusta la coca, es muy dulce-le dije.
- A mi tampoco, por eso la bajo con un roncito, vienes?

Consideré estar un momento y dejarlos, luego me di cuenta que la chupeta era solo entre los dos, es decir ese “vienes” significaba te apuntas o chupo solo.



El local se fue llenando. Ismael, Enrique y yo tomábamos la segunda jarra de cerveza cuando Chicho regresó y tomó asiento. Habría pasado cerca de veinte minutos desde que llegamos y ya estaba mareado. No podía creerlo.

- Mozo una jarra- exigió Chicho.

Tomamos.

Álos minutos siguientes Chicho estaba más inquieto. Se levantaba para saludar a los vecinos de otras mesas, personas a las que no conocía. Luego, reconoció a alguien en una de las mesas dentro de la casa y se dirigió hacia allí.

- Ese Chicho es terrible, nunca cambiará - comentó Enrique.

Hace pocos días que Chicho había visitado intempestivamente el departamento de Enrique justo cuando este tenía invitados, es decir enplena reunión personal. Chicho Demonio con una botella en la mano tocó el timbre del departamento de Enrique, quien luego de abrir la puerta y ver la botella en la mano de Chicho comento: ¨Cortez¨, a lo que Chicho me respondió: ¨Lo Cortéz no quita lo valiente¨ y haciéndose a un lado se metió en el depa.
Como era de esperarse no tomó ni una gota de su veneno, pero si se aplicó el mejor whisky de la mesa. Al rato empezó a llorar. Tomaba grandes sorbos, tomaba hasta sus lágrimas. De allí comentó voz en cuello que no tenía tiempo para ver a su esposa ni a su pequeña. ¡Maldita chamba, decía. Buaaa, no me deja ver a mi hija!.
La cara de asombro de los invitados y luego uno de ellos bien serio le dijo:
- Entonces que haces aquí?, son las 2 de la mañana, ve a verlas.
Chicho que no escuchaba nada con excepción de sus propios lamentos dijo:
– Ya, ya, no es para tanto. Se secó las lágrimas y bebió un nuevo sorbo de su wisconsin.



La sonrisa de mi cara, luego de recordar este relato, se borró cuando Chicho súbitamente se sentó en la mesa. Traía en la cabeza un casco medieval. Un nuevo roche, aunque peor fue cuando intentó dar a cada uno un afectuoso beso en la mejilla sin siquiera intentar quitarse el casco.

- Siéntate carajo, le dijo Ismael agarrándolo por los hombros y sentándolo de un tirón,

- Ya, ya, no es para tanto- se apuró Chicho.

Re - tomamos y también la conversación. La situación ya estaba en calma, cuando la interrumpió un sonoro "SUELTA CARAJO" acompañado de un "PLAF", provenientes del interior de la casa.

Chicho intentaba de la manera más económica calmar su hambre, cuando el chef de una severa cachetada con mano extendida, de arriba hacia abajo, lo hizo caer del mostrador donde con medio cuerpo estirado se esforzaba por alcanzar un pedazo de chicharrón.

- Yaya no es para tanto - le dijo al chef.

Con el rostro desencajado, rojo y con la figura de una mano en medio regresó a la mesa. Se sentó dejando caer una pierna sobre la otra a la altura de la rodilla. No habló más, ya no podía. La vergüenza o mejor dicho la borrachera se lo impedían. Solo seguía con la mirada el recorrido de los derriers que pasaban frente a él.

La calma volvió a nuestra mesa.

Al cabo de un rato se levanto bruscamente y sin despedirse salió del local.

- Oe se va – les dije a mis compañeros.
- Deja que se vaya. Mejor. A fin de cuentas nunca le pasa nada – Dijo Ismael.
- Su ángel de la guarda vende ceviche – añadió Enrique.

Reímos.

No pasaron ni cinco minutos cuando lo vimos frente del local, exactamente en la acera opuesta y a la altura donde estábamos ubicados. Chicho nos miraba a la distancia. Su mirada era fija aunque perdida, daba la impresión que no nos reconocía.

De pronto cruzó la pista a paso firme.

- Ya nos vio, allí viene, dijo Enrique.
- Si pero viene directo a nosotros- dijo Ismael. NOOO, no creo que....

El estruendo llamó la atención de todos.

Frente plana, nariz achatada y boca semiabierta presionaban la mampara de vidrio a la altura de mi cara. Con la fuerza con la que se estrelló, quedó literalmente pegado a ella. Demoró unos segundos para despegarse o mejor dicho para deslizarse lentamente sobre la acera.

- Ay, Ay, ¿qué pasó? - dijo Chicho tirado en el piso.

La risa se hizo presente en el local. Incluyéndonos por supuesto.

Inclusive los mozos que fueron a levantarlo no pudieron hacerlo porque la risa se los impedía. Tuvo que salir el administrador a levantarlo y a duras penas logró hacerlo.

Eso fue lo último de esa noche. Con eso cerró el telón.

Lo embarcamos en un tico en cuyo parachoques decía: “Angel de la guarda, no me abandones”. Imaginé que era el taxi indicado para él.

Aunque tal vez no... total su ángel nunca lo abandona.

2 nov. 2006



BYE DON AUGUSTO

Manolo salió de su casa con dirección a la casa del Ñato, cuando vió a Fanfurria pegarle a su enamorada.

Fanfurria tenía algo mas de 25 años, era antipático, pegalón y un gran mentiroso; pocas personas creían en su palabra, en especial Manolo que era ajeno a seguirle la corriente.

Tiempo atráz Manolo pasaba al lado de Fanfurria cuando este le aplicaba su "chiquita" a su enamorada de turno, una morenita poco agraciada. No pudiendo permanecer inmóvil Manolo empujó a Fanfurria e inmediatamente se cubrió el rostro, tomando posición de defensa. Luego los golpes que esperaba recibir ni vinieron por delante sino por detrás. La morenita, bien afecta al golpe, le daba de manazos en la espalda al tiempo que le gritaba que no se metiera en lo que no le importaba. Desde ese momento Manolo no se metió en líos ajenos.

- Perdón, perdón, dijo Manolo indiferente esquivando a Fanfurria que se esmeraba en cambiarle la identidad a la morocha a punta de golpes. Pasó de frente y llegó rápido a la casa de su amigo, que estaba a solo tres cuadras de allí.

- ¿Sales?- le preguntó al Ñato, luego de tocar la puerta de su pequeña vivienda al lado del Puente Tenderini.

Ñato era una de las varias chapas que la gente del barrio le habían puesto a Pedro por su nariz, la cual no solo era grande sino que era puntiaguda como la aleta de un tiburón, un verdadero abuso.

- Ya salgo espérame un toque, le dijo el Ñato luego de entre abrir la puerta.
- ¿A dónde vamos?, preguntó el Ñato, una vez en la acera.
- Vamos a buscar al Chato, dijo Manolo. - Bacán.

Caminaron.

- Ring!! -¿Señora buenas, esta Toño?, dijeron al unísono al ver a la Mamá del Chato aparecer por la ventana.
- Se fue con Juancho al Bazar Militar- le he encargado algunas cosas para la casa, comentó la señora.

El Bazar Militar era el lugar perfecto para que El Chato hicieran de las suyas; un lugar con poca vigilancia por considerarse que en la familia militar no se cometían robos; pero se equivocaron con El Chato, no conocían su destreza para llenarse los bolsillos sin ser visto.
– Esto no es robar, es solo una pendejada – le dijo una vez a Manolo, mientras se escondía una tira de chupetes dentro del pantalón.
Para Manolo era divertido ver al Chato burlar la seguridad de la puerta de salida con los bolsillos llenos, era algo muy arriesgado para el.

Sin más que hacer, Manolo y Ñato se dirigieron hacia el Bazar del Ejército, que si bien estaba lejos les permitía conversar un poco sobre las chicas del cole, los tonos y las últimas cintas “New Wave” que habían conseguido.

Estaban ya frente al Bazar Militar, en la acera de la gran avenida de doble carril. A casi dos metros un hombre alto con la mirada adusta y seño fruncido parecía querer cruzar la calle también.

– Puta madre ¿que hace aquí Don Augusto?– preguntó Manolo.
– ¿Quien?, respondió el Ñato tratando de identificar al referido.
– Ese tío, el de la guayabera blanca, le dijo Manolo señalándolo. – Es un milico retirado que vive al lado de mi edificio y es una ladilla de culo. Me la tiene jurada desde que una vez que jugábamos fulbito le cayó la pelota a su carro y desde ese momento siempre que me ve me menta la madre.
– Mejor déjalo allí nomás, ese tío está bien maceteado fácil de un manazo nos tumba a los dos, le dijo el Ñato.

Manolo y Ñato se disponían a cruzar la avenida cuando un fuerte chirrido llamó su atención. Una combi, una de las primeras combis de la época, que venía a gran velocidad frenó a algunos metros de ellos de manera estrepitosa.

¡la recon …! El pantalón de Manolo estaba salpicado de pintas rojas y a sus pies el cuerpo tendido de Don Augusto. Se escucharon gritos de los pasajeros al interior de la combi, pese a ello emprendió la huída.

Uno de los soldados ubicados en la puerta del bazar cruzó corriendo la avenida dándoles el encuentro.
– Oe chibolo, ayúdame con los pies, le dijo a Manolo.
– Pero ¿que hago? dijo el, asustado.
– Tranquilo, solo tómalo de los pies y yo de las manos, vamos a cruzar la pista.

Ya del otro lado de la pista, el Ñato intentaba, sin mucha suerte, parar el primer carro que pasara para auxiliar al herido.
– Puta madre, nadie quiere parar - dijo cuando llegaron Manolo y el soldado con el herido a cuestas.
– Y nadie lo va hacer por las guenas pe, le dijo el soldado, dejando descansar la cabeza del Don Augusto sobre la acera. - Alto, Alto, dijo el soldado y apuntó con su FAL a la primera camioneta que se aproximó. –Ayúdenos a llevarlo a San Antonio, está grave.
– ¿Por qué mi camioneta?, me voy a meter en problemas - dijo el conductor, estimando la gravedad del asunto. Van pensar que he sido yo, dijo con voz temblorosa.

Casi sin escuchar los lamentos del chofer, Manolo y el soldado colocaron a Don Augusto al interior de la tolva. Luego el cachaco salto hacia fuera y le dijo a Manolo:
- Guena suerte chibolo y apúrense que está muy mal, lamentablemente no puedo moverme de mi posición.

Inmediatamente la camioneta se movió, Manolo al lado de Don Augusto le sujetaba la cabeza para que no se golpeara más. La cabeza estaba abierta y la sangre hirviendo brotaba a borbotones. Don Augusto tenía poca fuerza pero estaba conciente de la seriedad de su estado.

- Ayúdame, no me dejes morir. He sido una rata contigo pero no me dejes morir, ayúdame, le dijo a Manolo mientras le apretaba el brazo.

Intentando no escuchar lo que escuchaba Manolo golpeó fuertemente la ventana:
– ¡Pisa huevón, pisa que se muere! le gritaba al chofer y al Ñato que ya se había alojado al interior de la cabina.

– ¡Pisa, pisa que se muere! La desesperación de sus palabras se repitió a lo largo de un viaje eterno, hasta que llegaron al hospital.

Ni bien se estacionó la camioneta, hombres de blanco salieron a su encuentro. Recostaron a Don Augusto sobre una camilla mal oliente y desaparecieron. La policía ya había llegado e inteligentemente se preparaba para ajustar cuentas a un conductor inocente. El bullicio se traslado de la tolva al ingreso del nosocomio.

Sentados en el hall, Manolo y el Ñato parecían no entender que había pasado en los últimos minutos de sus rutinarias vidas.

De pronto, una cara conocida jaló el hombro de Manolo y lo saludó en forma hostil.

– ¿Tu? ¿Que haces aquí?, le dijo Manolo
– Aquí trabajo huevón, soy enfermero y curo a los heridos – le dijo, dándose media vuelta e ingresando a la sala de emergencias. Era Fanfurria.

- Veste concha…, pensó Manolo.

Minutos después apareció nuevamente Fanfurria y ya sin tono hostil en sus palabras le dijo a Manolo:
– El señor falleció hace diez minutos, llegó frió por siacaso, mejor quítate a tu casa que ya no puedes hacer nada.

Una sensación extraña invadió a Manolo. Las palabras de Fanfurria sonaban distinto, sonaban ciertas.

Don Augusto se había ido cuando en brazos de Manolo le pedía que les dijese a su mujer y a su hija que las amaba con todo el corazón, que el las protegería desde el cielo y que disfrutaran de las cosas bellas de la vida porque es corta, es muy corta.

Esa vez Fanfurria no le mintió y Manolo lo sabía.

7 oct. 2006


MARIEL

El 14 de Septiembre del 2005 es la fecha más importante de mi vida.

Era la 1.30 pm  de un miércoles, cuando la doctora avisó que Ceci ya estaba lista, o mejor dicho que Mariel lo estaba.
- Sería recomendable un parto por cesárea porque la bebé está de cabeza- me dijo. Posición podálica le llaman, (ahora con 12 meses a cuestas duerme plácidamente y amanece al revés, de cabeza, la veo y sonrío).

Me puse el mandil, guantes y tapabocas e ingresé a la sala de partos, levanté la videocámara y empecé a filmar. La reconocí inmediatamente y sentí estremecer mi cuerpo. Allí estaba. Era de carne y hueso esas fotos de eco grafía que viera durante 9 meses.

Luego un llanto ensordecedor inundó la habitación, Mariel reaccionó al primer contacto físico y alertaba su presencia entre nosotros.

- Un parto sin problemas, ha sido muy rápido, Ceci está muy bien - le comenté a los abuelos, los primeros visitantes de la tarde.

Desde ese momento vacunas, baberos, biberones, chupones, juguetes, sus nuevos dientes, que se para, se cae, gatea, sus risas, llantos, backyardigans y más llenan profundamente mi vida. Realmente he cambiado.

No imaginé que pese a tener un matrimonio feliz estaba tan incompleto. Ya no  y nunca más. Mariel  ha llenado profundamente nuestras vidas y también la vida de quienes la rodean.

Mariel  tiene buena vibra, una onda dulce y generosa, un aura intensa, que la acompaña hace un año y que espero nunca se le separe, quiero que permanezca a su lado, que la acompañe tanto como yo quiero hacerlo... por siempre.